Como se puede recordar de lo aprendido en las aulas, la
energía se transforma, no se crea ni se destruye. Por ello en su afán de lograr
su mejor aprovechamiento, el hombre ha ideado las más diversas maneras de tomarlas
de la naturaleza como su fuente. Mucha de esa misma energía se emplea tan solo
para lograrlo con los más distintos equipos o dispositivos que a través de los
tiempos se han podido construir. Ya sea en cualquier rubro de trabajo o
industria, como la textil que presenta la más elaboradas lavadora
para jeans.
Uno de los casos más comunes en
transformación de energía, es la que se da cuando de un combustible se transforma
la energía química en energía calorífica. Esto puede ser llevado a cabo en las
máquinas llamadas calderas o generadores
de vapor.
Gracias a todos sus componentes
-horno (también llamado hogar), cámaras de agua (evaporador), quemadores,
sobrecalentadores, recalentadores, economizador, precalentador de aire- la
caldera genera vapor saturado, la cual está a punto de condensarse. Esto por la
transferencia de calor que produce el transformar la energía química del
combustible mediante la combustión, a energía utilizable (calor) para aplicarla
al trabajo como agua. Esta es absorbida y se termina por convertir en vapor.
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